martes, 31 de marzo de 2015

Libro digital en México

El libro digital en México va en aumento acelerado, cada vez son más los lectores de libros digitales, las escuelas que buscan implantar programas educativos electrónicos y una sociedad cada vez más conectada -por ejemplificar, México es el principal consumidor de videos en Youtube  en la OCDE-. Ello se puede ver en que este año Amazon abrió una oficina virtual en México, con una oferta de dos millones de títulos y la consigna de comercializar sus dispositivos en las principales librerías del país.
La Secretaría de Educación Pública y la CANIEM, los organismos públicos y privados encargados de la  promoción del libro digital en este país,  han decidido este año enfocar sus esfuerzos en apuntalar la edición y lectura digital.
Aunque en años anteriores se ha apostado por la digitalización en educación y cultura con programas como Enciclomedia, y en quince años México ha gastado 40 mil millones de pesos, el aumento será exponencial pues los grandes consorcios como Random House Mondadori declararon que en seis años buscan que el 90% de su producción editorial sea digital y porque el Gobierno desea obtener una sociedad digitalizada. Este año se concretó una reforma a telecomunicaciones y el ejecutivo tiene planeado crear un fondo de 1000 MDP anuales para uso de TICs  (266 Compromisos de campaña: 67); además, este año se implementará el uso de libros digitales al dotar de 240 dispositivos móviles en escuelas piloto con el fin de que en los próximos tres años todas las escuelas públicas del país cuenten con libros digitales.
El problema no es comercial sino educativo. Se está haciendo muy poco para educar a los niños y jóvenes (más de la tercera parte de la población)  e impedir que la brecha digital se acentúe, lo que provocará un incremento en las desigualdades sociales pues el mundo digital realza las estratificaciones culturales. Es importante entender que el conflicto va más allá de la posibilidad del acceso a la tecnología sino en términos de la capacidad de los usuarios para discriminar información y acceder a un conocimiento certero que reditúe en apropiación de los elementos digitales y es ahí donde nuestra labor es ineludible.
Entender la transformación del soporte y, por ende, del lector, nos permitirá crear plataformas lectivas que permitan configurar estrategias inclusivas para los lectores del futuro, en el intento por construir sociedades más equitativas.

Postura de las editoriales
“El libro electrónico triunfa especialmente entre la ficción para adultos, en los títulos infantiles y de adolescentes.” (La vanguardia, martes, 26 de febrero del 2013)

Tomás Granados (sobre Google Play, que puso a disposición miles de libros gratuitos a través del sistema android). “Es seguro que primero serán muchos libros de dominio público y en otros idiomas, sobre todo en inglés, pero dentro de no mucho, todas las editoriales que hayan puesto sus libros e la tienda de Apple, podrán migrar con facilidad a la tienda de google”.
Diego Rabasa (Sexto Piso): “El argumento que dio origen al Kindle (un dispositivo en el que se puede leer sin que los ojos reciban luz directamente) ha perdido fuerza y la gente se ha ido acostumbrando a leer en una pantalla”.
Eduardo Gorodzinsky (Grammata México) aunque hay mayores descargas, está la barrera del comercio electrónico en la que los mexicanos todavía no están metidos al 100 por ciento”.


Rafael Tovar y de Teresa (CNCA): CNCA trabajará en una política de fomento, acceso y difusión del libro electrónico, como parte del papel crucial que los libros tienen dentro del patrimonio cultural del país. Se crearán bibliotecas virtuales que permitan el acceso común a los libros digitalizados, independientemente de los sitios en que se encuentren, y bajo formatos múltiples, que vayan desde la reproducción facsimilar de las ediciones originales a las versiones electrónicas modernas Se buscará que un número cada vez mayor de las 7 mil 300 bibliotecas públicas de todo el país tenga la posibilidad de ofrecer estas ediciones digitales, además de que por vez primera todos los libros que edita la la Dirección General de Publicaciones se producirán y comercializarán simultáneamente en formato digital, a lo que suma la digitalización y la edición electrónica del catálogo histórico.

Prospectivos:

En Estados Unidos
 El libro electrónico ya recauda el 20% del sector en Estados Unidos, según el informe anual de BookStats realizado para la Asociación de Editores Americanos. Hace diez años, el negocio del ebook era el 0,05%.

En España
La penetración de dispositivos de lectura es de 5 Millones de dispositivos, uno de cada 8 españoles lee en dispositivos móviles, la quinta posición en Europa.

México
En México, habrá un cambio vertiginoso en los próximos tres años. La Reforma de Telecomunicaciones, la decisión de digitalizar la educación para tener un México tecnologizado y la penetración de librerías electrónicas como Amazon en el mercado convierte a México en el referente de América Latina. Aunado a la característica poblacional del país: 35% del país son jóvenes; 44% de los internautas: jóvenes (12-25 años, Nativos digitales
Tovar y de Teresa: “Uno de los objetivos del actual  gobierno federal es situar al libro electrónico en el centro de las políticas culturales de México en los próximos años. Lo anterior como parte de la Estrategia Digital Nacional, mediante la cual se busca fomentar la adopción y el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación como condiciones del crecimiento económico, el desarrollo humano y la vinculación eficiente del gobierno con la sociedad.
Las principales metas del gobierno para 2018, en materia de conectividad, plantean que al menos 65 por ciento de la población sea usuaria de Internet y que 70 por ciento de los hogares mexicanos dispongan de conexión de banda ancha, al igual que 250 mil edificios públicos, donde la gran mayoría de las personas podrán tener acceso libre a la red.”


Salto digital en el Tercer Mundo.  "Los países en desarrollo perciben el mundo digital como el entorno apropiado para reinventar la oralidad y sus editores, animados por la inusitada penetración de los teléfonos móviles y de teléfonos inteligentes, que ya utilizan como soporte de lectura e instrumento de pago en África y potencial en América Latina, se disponen a dar el salto digital, universo en el que esperan poder obtener un mayor protagonismo. Urge el despliegue de la banda ancha". Milagros del Corral, El País.




Datos de México:
70 Millones no tienen acceso a Internet
Último lugar inversión per cápita en TIC y penúltimo en uso de Internet
75: Lugar en uso de TIC en empresas
18% Escuelas de  educación básica cuentan con internet
77% de los celulares son analógicos.
48.4% de los mexicanos no conocen internet (Mitofsky, nov.12)

ESTRATEGIAS DEL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA
1.- Proyecto One Laptop per Child (OLPC). Idea de Nicholas Negroponte (2005).
2.-  Currícula en educación formal básica, media o superior en alfabetización digital (PND. Objetivo 4.5. Democratizar el acceso a servicios de telecomunicaciones. Estrategia 4.5.1. Líneas de acción: Crear una red nacional de centros comunitarios de capacitación y educación digital.)

3.- Interconectividad, a partir de la Reforma de Telecomunicaciones
(Estrategia 4.5.1. Líneas de acción: Promover mayor oferta de los servicios de telecomunicaciones, así como la inversión privada en el sector, con el que se puedan ofrecer servicios electrónicos avanzados que mejoren el valor agregado de las actividades productivas.)

Plan Nacional de Desarrollo (PND): “Para ampliar el acceso a la cultura como un medio para la formación integral de los ciudadanos, es imprescindible situar la cultura entre los servicios básicos brindados a la población […] así como desarrollar una agenda digital en la materia.” (PND, 67)


Enfoque transversal (México con Educación de Calidad)
Estrategia 3.3.5. Posibilitar el acceso universal a la cultura mediante el uso de las
tecnologías de la información y la comunicación, y del establecimiento de una Agenda Digital de Cultura en el marco de la Estrategia Digital Nacional.
Líneas de acción
• Definir una política nacional de digitalización, preservación digital y accesibilidad en línea del patrimonio cultural de México, así como del empleo de los sistemas y dispositivos tecnológicos en la difusión del arte y la cultura.
• Crear plataformas digitales que favorezcan la oferta más amplia posible de contenidos culturales, especialmente para niños y jóvenes.
• Equipar a la infraestructura cultural del país con espacios y medios de acceso público a las
tecnologías de la información y la comunicación.

Pacto por México (28 de enero de 2013 / DOF: 2 de febrero de 2013)
“42. Agenda digital y acceso a banda ancha en edificios públicos. Se creará una instancia específicamente responsable de la Agenda Digital que deberá encargarse de garantizar el acceso a Internet de banda ancha en edificios públicos, fomentará la inversión pública y privada en aplicaciones de telesalud, telemedicina, y expediente clínico electrónico e instrumentará la estrategia de gobierno digital, gobierno abierto y datos abiertos.”

Agenda Digital por un México Conectado (17 Mayo 2012): “Emprender una cruzada por la alfabetización digital de amplios sectores de mexicanos que hoy día siguen excluidos de los beneficios del cómputo y el Internet de banda ancha, priorizando el sector educativo”

266 Compromisos de campaña (1 de diciembre de 2012):
67. Crear un fondo de 1000 MDP anuales para uso de TICs en los procesos de MiPyMES…

106. Establecer una Agenda Digital por un México Conectado que permita cerrar la brecha digital y democratizar el acceso a las TIC…

Narrativas digitales: transformaciones en el proceso creativo, la textualidad y la participación del lector−usuario, a partir de medios digitales.

Todo indica que la hegemonía del libro impreso se acerca a su fin y que los lectores del futuro cercano leerán, cada vez más, en dispositivos electrónicos. Pero, ¿qué implicaciones –y de qué tipo− conlleva esta mutación? Si el desarrollo cultural y social continúa por el sendero actual, esta plataforma transformará dos elementos hermanados: se crearán nuevos esquemas de lectura y habrá cambios fundamentales en la senda creativa. Las consecuencias serán múltiples y los modos de afectación, diversos.
Los avances vertiginosos en la exploración de diversos soportes como parte de las indagaciones de la textualidad contemporánea, así como la re concepción tanto del autor como del lector, generan una prospectiva muy interesante para la creación y el estudio de la narrativa digital y sus posibilidades.    
No creo que la novela vaya a desaparecer ni que el libro en soporte papel esté en proceso de extinción, creo que el soporte digital y las transformaciones socioculturales que ello conlleva pueden dar pie a la conformación de nuevos géneros literarios y nuevos procesos creativos y lectivos, como ocurrió con la imprenta.
Además, las posibilidades que el soporte genera me parecen apasionantes: las transformaciones en el proceso creativo (tema que desarrollé en mi tesis de maestría: Creación y escritura en Farabeuf de Salvador Elizondo http://neotipo.blogspot.mx/2014/03/creacion-y-escritura-en-farabeuf-de_4.html) y en el proceso de interpretación, al transformar al lector en un co−creador, son radicales en sí por sus implicaciones. Por primera vez, la plataforma permite que se modifique la obra, no sólo se interprete. Este detalle, y los avances en el soporte, hacen que todo se transforme, el proceso creativo, la relación del autor con la obra, el acercamiento del usuario y, ante todo, la obra, sin un punto final que la clausure.
Ello viene de la mano de los cambios socioculturales que conlleva el arte digital. Como aclara Naief Yehya en El cuerpo transformado, “es importante señalar que la tecnología, al igual que el arte, es un reflejo de la sociedad que la produce” (Yehya, 2001: 14); para entender las transformaciones artísticas primero hay que comprender los cambios sociales y culturales que hay detrás de ellas.
Hoy vivimos un cambio de paradigma, un giro cultural. Tal vez desde hace quinientos años no había uno similar. Sé que es una aseveración demasiado arriesgada. Hasta hace tres años yo creía que esta idea reflejaba únicamente la nece(si)dad que tenemos los humanos de pertenecer a una época memorable. No obstante, ahora creo que sí nos encontramos en una época de grandes cambios que es preciso analizar. En este protocolo no es posible ahondar en todas las transformaciones que han tenido lugar en los últimos años, aunque sí lo analizaré en la tesis doctoral. Ejemplifico esto de forma breve con uno de los temas más importantes de las concepciones humanas: el tiempo.      
Partamos de las transformaciones vitales para entender las ontológicas. En su libro Pulgarcita, el mundo cambió tanto que los jóvenes deben reinventar todo…, el filósofo francés Michel Serres plantea la divergencia que existe entre las generaciones actuales y sus progenitores: “Aquí su esperanza de vida llega hasta los 80 años. El día de su casamiento, sus bisabuelos se habían jurado fidelidad por apenas una década. Si él o ella viven juntos, ¿jurarán lo mismo por 65 años? Sus padres heredaron alrededor de los 30, ellos esperarán a la vejez para recibir ese legado. Ya no conocen las mismas edades, ni el mismo matrimonio, ni la misma transmisión de bienes.” (Serres, 2013:16). Aunque cada vez tenemos más tiempo de vida, nunca habíamos vivido con tanta celeridad. Ello impacta a la narrativa, pues la monotonía de la linealidad no satisface, se busca la vida sinfónica, la multiplicidad y la simultaneidad.  
En la correspondencia a Louis Collet, Gustave Flaubert declara que el tiempo se mide en lo que tardaba en llegar su carta, en una idea poética que no sólo nos habla de la impaciencia de los amantes sino de una concepción temporal que nos parece lejana, nostálgica. En 150 años, el concepto del tiempo se ha resquebrajado y sólo nos lleva a preguntarnos, ¿cuánto tiempo tarda en llegar un whatsapp?
En el siglo XX, el tiempo sufrió transformaciones radicales. Antes, se conceptualizaban sólo dos temporalidades: el tiempo sagrado, divino, y el profano, humano e histórico, sin ruptura, monótono, que “se desdobla en pasado, presente y futuro, tiene un principio y un fin, es único e irreversible. El tiempo histórico atiende no a lo que tiene en común con el pasado sino a lo que tiene de nuevo y diferente cada momento.” (Marcos, 1992: 197).
En el siglo pasado, esta concepción se fragmenta, primero con la la teoría relativista de Albert Einstein y después con la idea de que el tiempo es una concepción interna –idea que se puede rastrear desde San Agustín pues “en ti, espíritu mío, es donde mido los tiempos” (Agustín, 1999: 202); fragmentación mental en una distensión de un presente simultáneo que une al presente−pasado, la memoria; el presente−presente, la visión; y el presente−futuro, la espera− que llega a un punto máxime con Henri Bergson quien parte de que se tiene que experimentar el transcurrir desde una visión finita, transitoria, que se conforma en cuanto se recuerda, donde el futuro y el pasado están en el ser, y el mundo en presente; eso genera que el tiempo transcurrido se pueda representar, pues a su paso inventa y clausura. “¿Qué es lo que existe, de la duración, fuera de nosotros? El presente o, si se prefiere, la simultaneidad. Sin duda las cosas exteriores cambian, pero sus momentos no se suceden sino para una conciencia que los recuerda.” (Bergson, 1963: 212). La simultaneidad del tiempo se crea en la memoria. La gente habitó una relativización interiorista durante gran parte del siglo XX, hasta que, con la digitalización de la realidad, se empezó a buscar la simultaneidad absoluta.
Esta noción sinfónica de la temporalidad se basa en que se “presentan al espíritu una multitud de ideas simultáneas, en sucesión tan rápida que parecen simultáneas, y hacen flotar el espíritu en tal abundancia de pensamientos o de imágenes y sensaciones espirituales, que éste no es capaz de abarcarlos todos y cada uno plenamente, o no tiene tiempo de permanecer ocioso y privado de sensaciones.” (Calvino, 1998: 55) La diferencia es que, contrario a lo que creía Italo Calvino, a partir de la multimodalidad la gente sí es capaz de abarcarlos todos y cada uno.
Uno de los elementos temporales que las herramientas digitales generan es la idea electrónica de la omnipresencia. Esta transformación, a su vez, acarrea cambios físicos, emocionales y narrativos. Ahora, la gente contesta el celular, escucha el radio, envía un correo, maneja y a la vez piensa en todos los pendientes que debe resolver, pues asegura que no tiene tiempo para cumplir con todas las tareas.
En la lectura esta transformación es sustancial. En la generación digital o hipermoderna, el lector no tiene un papel pasivo. Coexisten muchos planos de lectura, se mezclan muchos estímulos: mientras las palabras brincan en el monitor, la música esté a todo volumen, en otra página el sitio de algún centro informativo y, por qué no, abajo, titilante, tenemos la conversación de mensajería instantánea con algún amigo o pareja. Todo a la vez que lee el Primero sueño, la obra de Kierkegaard o de Pascal Quignard.
Esta idea puede sonar abrumadora y lo es para el cerebro, como especifica el neurocientífico Daniel J. Levitin en The Organized Mind: Thinking Straight in the Age of Information Overload, pero este es el nuevo lector y el nuevo ser que habita una realidad diferente o, más bien, navega por la red en busca de estímulos simultáneos, de habitar dos realidades temporales, encarnando las palabras de José Gorostiza, quien en Muerte sin fin escribe: “Hubo dos tiempos en mi tiempo” (Gorostiza, 1996: 186). Ahora, habitan tantos tiempos en este tiempo, que habitar sólo una realidad es insuficiente.
Con lo digital, la multiplicidad temporal va más allá. En el siglo XXI, el tiempo no se detiene en un instante ni se relativiza sino que se crea una transformación tangencial al vincular, de forma simultánea, contextos y tiempos, más bien, la nueva temporalidad es un palimpsesto de realidades.
La forma de nombrar una realidad simultánea es a partir de un palimpsesto. Ésa es precisamente una de las técnicas hiperdigitales más llamativas, donde el texto se escribe y sobre escribe en una extensa cadena de autoría y de significación. Si antes así se configuraban los textos con la oralidad, en digital las escrituras son múltiples e inmediatas, contienen variaciones multimediales y senderos de lectura que afectan la interpretación del texto en cada lector. Como dicta Jorge Luis Borges en “La memoria de Shakespeare”: “el cerebro del hombre es un palimpsesto. Cada nueva escritura cubre la escritura anterior y es cubierta por la que sigue, pero la todopoderosa memoria puede exhumar cualquier impresión, por momentánea que haya sido, si le dan el estímulo suficiente.” (Borges, 1993: 304)
Como pretendo analizar con profundidad en la tesis doctoral, la búsqueda de la simultaneidad es un mecanismo narrativo que se utilizó mucho en el siglo XX. Esto se concreta de manera muy especial en la literatura digital, donde los mecanismos de apropiación por parte del lector−usuario son sinfónicos no lineales.  
La simultaneidad, como la fragmentación del texto para que el lector decida su lectura, no es un mecanismo nuevo en la literatura. Hay célebres obras que buscan romper con la inalterabilidad de la obra “completa y cerrada en su perfección de organismo perfectamente calibrado" (Eco, 1990: 7). Clara muestra se ve en la poesía francesa con Cent mille milliards de poèmes de Raymond Quenau, miembro del Oulipo, quien conformó diez sonetos de catorce versos que pueden ser acomodados según la voluntad del lector. Recitar todas las combinaciones requeriría cerca de 200 años. Esta obra se publicó en 1961, así que nadie ha comprobado esta teoría. En narrativa, tanto Rayuela de Julio Cortázar como L’amour absolu de Alfred Jarry contienen múltiples lecturas que transforman la historia dependiendo de su lectura. La diferencia es que ahora, con las posibilidades de los soportes digitales, una obra puede ser leída de formas “infinitas”, lo cual concreta la novela absoluta que ambicionaba Novalis; la literatura digital maximiza sus alcances.  
Partiendo de estos principios, en un experimento que realicé el año pasado con un programador computacional, desarrollamos la idea de un relato, a partir de fragmentos literarios y a través del uso de un algoritmo genético, para que los usuarios pudieran determinar cuál es la versión óptima. De esta forma, buscamos pasar de la imposición lineal de la lectura a un proceso de recepción participativo con el apoyo de los sistemas computacionales.
En este texto hiperdigital los fragmentos son intercalados y estudiados a partir de algoritmos evolutivos, herramientas computacionales que buscan resolver problemas de optimización a través de mecanismos similares a los que se encuentran en el proceso de la evolución biológica (utilizan los conceptos de herencia, selección natural, mutación y recombinación genética, entre otros) para generar diferentes soluciones a problemas con un espacio de búsqueda demasiado amplio para explorar exhaustivamente. Los algoritmos genéticos pertenecen a esta rama y requieren de dos cuestiones fundamentales: una representación genética de las soluciones posibles y una manera de evaluar su optimización. A partir de esto, el mecanismo busca generar mejores soluciones en cada iteración de su funcionamiento.
Sé que la interacción de una computadora para definir las variables de un texto no es algo novedoso. En el ensayo de 1967, Cibernética y fantasmas. Apuntes sobre la narrativa como proceso combinatorio, Italo Calvino propone que el autor literario puede ser eliminado como sujeto y reducido a una serie de funciones que realizaría una máquina programada con un efecto combinatorio del lenguaje. Tampoco es reciente la idea de que los lectores conformen la narración. Las wikinovelas se estructuran en torno a que un escritor propone un argumento o un primer capítulo y miles de manos desarrollan los siguientes. Esta mezcla de novela a varias manos y cadáver exquisito, tuvo una repercusión mayor cuando el novelista estadounidense John Updike, a petición de Amazon.com, escribió en la red el inicio y el final de Murder Makes the Magazine, los lectores la coescribieron durante un mes. O la wikinovela Hundred Penguins, donde la editorial homónima permitió que miles de lectores escribieran −únicamente 250 caracteres por persona−, editaran y conformaran una novela monumental; la idea se desgajó en más de 50 personajes y varias novelas entrelazadas. Es importante hablar también de FanFiction, donde los lectores retoman elementos de historias preestablecidas para generar sus propios relatos. Aún así, esto fue sólo el inicio. En los últimos diez años, las transformaciones creativas a partir de internet han tenido avances acelerados.
En nuestro experimento digital, el estatuto era muy simple, empezamos con 16 autores y 96 bloques capitulares de diferentes géneros y formatos, que los usuarios pueden calificar para determinar la versión óptima; así como participar con textos propios que entrarían al conjunto de elecciones.
Los fragmentos varían en torno a una historia seccionada donde cada elemento adicional cambia la noción total. La estrategia no es dividir la trama sino desarticularla en pasajes que varían en estilo y en dimensión; algunos se despliegan por varias páginas; otros se acercan el aforismo o la novela gráfica, un género que ha transformado a las historietas en un arte narrativo.
Inicialmente, bajo esta configuración existe la posibilidad de obtener cerca de cuatro mil millones de posibles combinaciones[1], cada una de las cuáles representa una lectura posible. Conforme haya más lectores que funjan como co-creadores las posibilidades combinatorias aumentan. La finalidad es que ellos elijan los relatos que consideren mejores y al final se obtienen los resultados óptimos de este sistema dinámico de hiperliteratura.
Este es un breve ejemplo de lo que la literatura digital puede conformar. Para el doctorado, a la par de la investigación académica, propongo el estudio del proceso creativo y lectivo de un Neotipo[2].
            El tema del proceso creativo me es cercano. En la tesis de maestría analicé Farabeuf de Salvador Elizondo en la misma senda que Roland Barthes trazó: “En síntesis asumiré (a titulo provisorio, iniciático) una distinción entre: 1) querer saber cómo se hace en sí¸ según una esencia de conocimiento (=Ciencia); 2) y querer saber cómo se hace para rehacerla, para hacer algo del mismo orden (=Técnica).” (Barthes, 2005: 48) Estudié la obra no desde el texto en sí mismo sino como creación actualizada en escritura. En el doctorado, me interesa estudiar el proceso de creación en un sentido mucho más amplio y en un formato diferente, el digital. Esta es una tarea en la que estoy inmerso desde 2012, prueba de ello es que en las conclusiones de mi tesis de maestría apunté lo siguiente:
En esta tesis me adentré en las dos etapas del proceso creativo que desarrolla Mario Vargas Llosa y las dividí en cinco, creo que esta segmentación las hace aprehensibles y el proceso de gestión de la obra se demarca con facilidad. Las fases que propongo son: el impulso, las causas que llevan al escritor a suplantar su realidad con palabras; la gestación, la forma en que un detonante se materializa en obsesión y origina la idea que se plasmará en escrito; la conformación de la trama, el soporte en el que se desarrollan la historia y los personajes; la construcción, la manera en que el escritor estructura los materiales, y la escritura. La lectura sería una sexta fase si, amerita una investigación más seria, muta el lector en nuevo creador, lo que creo ocurrirá ante la conformación de un nuevo género hipertextual. (Núñez, 2013: 99)

Años después, creo que en la literatura digital el proceso creativo es diferente al de la literatura de lectura lineal, sin importar el soporte, pues transforma la idea del autor y del lector, temas fundamentales que analizaré a profundidad, y que además existe una reconceptualización narrativa y artística de la obra misma.
En la tesis doctoral pretendo analizar la forma en la que en la literatura digital transforma el orden, que sí altera el producto, del proceso creativo.  Por ejemplificar, al ser un soporte no lineal y multitextual (en el sentido que utiliza Roland Barthes, de que un texto es cualquier código a descifrar), el primer punto que el autor debe esclarecer es la estructura y no la trama, como sucede en el lineal.
Al ser multitextual, la forma en la que se divide el discurso es la microestructura (lo que se encuentra en la diégesis, lo que se cuenta), la macroestructura (los elementos que están fuera de la narración, la arquitectura de la obra) y los niveles narrativos (elementos multimediales que se acomodan de acuerdo a las necesidades de la obra). Cada cambio altera la obra en circunstancias diversas, confirmando lo que Iuri Lotman determina: “la esencia del proceso de generación no está sólo en el despliegue de las estructuras, sino también, en considerable medida, en su interacción.” (Lotman, 1990: 56)
En el soporte papel, las historias divididas en estructura imbricada parten de la función explicativa, en el sentido que utiliza Luz Aurora Pimentel (Pimentel, 1998: 46), donde los personajes exponen, por medio de analepsis, elementos concordantes con la historia. En la textualidad digital, la multiplicidad de variantes posibles, más que deformar, aumentan la idea totalizadora. Ello genera dos posibilidades: la infinitud de caminos divergentes que el lector transita y elige o la variabilidad para generar un principio de incertidumbre sobre el texto y sus actores.
Si la imprenta dio pie a la novela –la extensión y la relación con el lector sólo se puede dar con lectura impresa no con oralidad− los soportes digitales permiten crear un nuevo género multidisciplinario. 
Con las implementaciones tecnológicas se generan nuevas materias estéticas. En la actualidad, el soporte hipertextual permite conformar una nueva disciplina artística que une diversas ramas del arte y elementos multimedia –videos, audio, textos literarios e informativos, imágenes e hipervínculos a otras plataformas como videojuegos, chats, redes sociales, uso de micrófono, cámara, giroscopio, GPS, elementos que interactúen con la pantalla táctil y vínculos metatextuales, entre otros− en torno de una narración. Esto lo pretendo analizar como una de las fases creativas digitales, con sus mutaciones e implicaciones teóricas, eje que no existe en la narrativa lineal.
En el proceso creativo digital, las fases están estructuradas en los siguientes elementos: idea, estructura, historia, con escisión de personajes protagónicos (transformación fundamental que permite al usuario ser partícipe de la obra y concretar una simulación de experiencia, no de realidad como en la novela, lo que fomenta su participación activa) estilo, escritura, concreción de herramientas digitales, corrección, publicación primigenia, lectura, reescritura, corrección externa, reescritura… Esto tiene lugar de una forma no cíclica, sino se llega al punto que Borges añoraba, la lectura como laberinto, con innumerables caminos cargados de significantes.
Para realizar este estudio, planteo generar un neotipo y analizar los procesos que se deriven de su lectura. Me parece que metodológicamente resulta interesante crear un ejemplo para analizar, además de partir de otros establecidos en la red, ya que ello me permitiría tener un análisis más puntual de las modalidades y repercusiones del texto. Además, como aclara Blanchot, “la tarea del artista es indagar en la profundidad abierta del poema, lo que lo origina, el extraño movimiento que va de la obra hacia el origen de la obra, la obra misma convertida en la inquieta e infinita búsqueda de su fuente: una mirada sobre sí misma”. (Blanchot apud Cuevas, 2004: 165)
Después de analizar el proceso creativo primigenio, me abocaré al punto medular, que no analicé en mi tesis de maestría, que es la mutación del lector. Con la literatura digital el lector/espectador/escucha pasivo adquiere una función activa como co-creador (que también llamaré usuario).
En los libros no lineales hiperdigitalizados, la obra es abierta y el lector es co-creador pues transmuta la estructura, el sentido de la trama, el orden de los vínculos hipertextuales, etcétera, hasta crear caminos únicos de sentido.
La diferencia con los libros lineales, impresos o digitalizados, es que cuentan con un relato estable y un discurso cerrado, inamovible; si la obra es cerrada, como aclara Umberto Eco en Obra abierta (1990), el lector sólo es intérprete de una obra en el sentido que altera los elementos que el autor plantea, con sus preconcepciones, y visualiza las palabras en un sentido único e irrepetible, aunque ello no lo convierte en co-creador pues no transforma la esencia inalterable del texto.
Esta variación en la lectura repercute a su vez en la escritura. En la literatura digital, el autor primigenio es consciente de que su obra variará; él es arquitecto y debe realizar los planos sobre los que se erigirá la narración digital. Además, sus receptores son conscientes del poder creativo que genera el formato por lo que tienen una actitud participativa, transmedial, y colaborativa con el texto.
La importancia de este tipo de crítica radica en acercarse a los procesos creativos como un proceso vivo. Esta aproximación permite vislumbrar las pautas creativas y las vertientes actuales para dilucidar cómo será la literatura en el futuro. Si el crítico entiende los procesos creativos, las decisiones autorales y del usuario, puede ser no sólo un guía de lectura sino de creación y vislumbrar los cambios que se originarán en y con la escritura digital.
Creo que es fundamental abordar este tema pues la literatura digital y las mutaciones en el proceso creativo y lectivo, así como los alcances de la obra, seguirán avanzando a un ritmo acelerado.





[1]En un inicio y sin considerar las lecturas eliminadas por las reglas estructurales y a partir de la siguiente ecuación:, el resultado preliminar es, con los bloques disponibles, de 3,903,750,144 lecturas diferentes. Para poner este número en perspectiva, si cada persona leyera un texto, se requeriría al 60% de la población mundial actual para explorar el espacio de búsqueda completo. La utilización de heurísticas permite encontrar soluciones óptimas con un número mucho menor de lecturas.
[2] Neotipo es un libro hiperdigital-multimedial, transdisciplinario y no lineal que se conforma a través del uso adecuado de herramientas alternativas, a partir de soportes tecnológicos, y la conjunción de estilo/estructura transdisciplinares. Los neotipo son libros, llamados así por su base literaria y por tradición, digitales que permiten la vinculación entre el lector y el dispositivo y que buscan generar una experiencia.

Carta de motivos digitales

En 2008 me invitaron a dar una conferencia sobre literatura electrónica en el IV Foro digital de la UNAM, era el director de una revista electrónica (www.solario.com.mx) y ellos creían que tenía algo que decir. Lo que no sabían era la historia detrás de la revista. Un grupo de compañeros de la carrera de Letras hispánicas habíamos decidido formar una revista con dos lineamientos: abordaría la alta cultura y la única regla era que no podíamos autopublicarnos. Durante 7 años cumplimos las reglas y artistas de la talla de Angelina Muñiz-Huberman, Beatriz Espejo, Eugene Ionesco, Carlos Monsiváis o Francisco Hernández, entre muchos otros, apoyaron el proyecto, donando textos inéditos que permitían darle nombre a la revista e incluir a jóvenes en las demás secciones. Cuando me invitaron a dar esa ponencia, no podía pararme enfrente de especialistas y pares a explicar que la decisión de innovar en el campo de la lectura electrónica era por un impedimento económico -la diferencia monetaria entre publicar en internet o formato impreso es inmensa- así que decidí encontrar una justificación por lo que el mundo digital merecía ser explorado. Ese ejercicio académico me cambió la perspectiva.
 Durante los siguientes años, cuando estudiaba la maestría, ahondé de forma limitada en el tema, pero fue en 2012, cuando terminaba la tesis, que noté que el mundo digital era un futuro ineludible y los avances en la narrativa digital y sus posibilidades eran vertiginosos. Además, se gestaba un nuevo género narrativo, hiperdigital. En ese momento decidí enfocarme en la literatura digital.
En estos tres años he asistido a diversos cursos y talleres sobre creación digital y he impartido conferencias sobre el tema. A la par, le dedico algunas sesiones al tema en cada curso que doy en la Facultad de Filosofía y Letras (Narrativa, Literatura iberoamericana del siglo XIX-XX-XXI y Guión audiovisual, para las carreras de Letras modernas e hispánicas) con la certeza de que abordar temas de literatura digital es imprescindible para problematizar la literatura contemporánea.
Ahora, todo indica que la hegemonía del libro impreso se acerca a su fin y que los lectores del futuro cercano leerán en dispositivos electrónicos. Pero, ¿qué implicaciones –y de qué tipo- conlleva esta mutación? Si el desarrollo cultural y social continúa por el sendero actual, esta plataforma transformará dos elementos hermanados: se crearán nuevos esquemas de lectura y habrá cambios fundamentales en la senda creativa. Las consecuencias serán múltiples y los modos de afectación, diversos.
Los avances en la exploración de diversos soportes como parte de las indagaciones de la textualidad contemporánea, así como la re concepción tanto del autor como del lector, generan una prospectiva muy interesante para la creación y el estudio de la narrativa digital y sus posibilidades.
No creo que la novela vaya a desaparecer ni que el libro en soporte papel esté en proceso de extinción, creo que el soporte digital y las transformaciones socioculturales que ello conlleva pueden dar pie a la conformación de nuevos géneros literarios y nuevos procesos creativos y lectivos, como ocurrió con la imprenta.
Además, las posibilidades que el soporte genera me parecen apasionantes: las transformaciones en el proceso creativo (tema que desarrollé en mi tesis de maestría: Creación y escritura en Farabeuf de Salvador Elizondo) y en el proceso de interpretación, al transformar al lector en un co−creador, son radicales en sí por sus implicaciones. Por primera vez, la plataforma permite que se modifique la obra, no sólo se interprete. Este detalle, y los avances en el soporte, hacen que todo se transforme, el proceso creativo, la relación del autor con la obra, el acercamiento del usuario y, ante todo, la obra, sin un punto final que la clausure.
Creo que es fundamental abordar este tema pues la literatura digital y las mutaciones en el proceso creativo y lectivo seguirán avanzando a un ritmo acelerado. Soy consciente de que, al ser un tema nuevo, hay un número reducido de textos teóricos y metodológicos en español, pero cada vez se llevan a cabo más investigaciones sobre estos temas y nuestro país también debe sumarse al diálogo internacional.
La importancia de este tipo de crítica radica en acercarse a los procesos creativos como un proceso vivo. Esta aproximación permite vislumbrar las pautas creativas y las vertientes actuales para dilucidar cómo será la literatura en el futuro. Si el crítico entiende los procesos creativos, las decisiones autorales y del usuario, puede ser no sólo un guía de lectura sino de creación y vislumbrar los cambios que se originarán en y con la escritura digital. Por ello, estudiar la creación digital a través del análisis de los procesos autorales y de recepción debe ser una aproximación que se incluya en los estudios literarios.

Por todo ello, estudiaré durante los siguiente años, el proceso creativo, lectivo y las transformaciones en la narrativa a partir del soporte digital, en un momento personal en el que cuento con las condiciones de vida para invertir el tiempo y la energía necesarios para un proyecto de investigación de esta naturaleza. 
Dada la particularidad del tema, circunscrito en un cambio de paradigma, podría ayudar a difundir y contribuir a la investigación en México sobre literatura digital.

martes, 17 de febrero de 2015

tiempo neotipo 2

anamnesis -una palabra griega que significa, literalmente, “pérdida del olvido” - See more at: http://hermanocerdo.com/2012/03/como-construir-un-universo-que-no-se-derrumbe-en-dos-dias/#sthash.gYvUIIdn.dpuf

Phillip K. dick en
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viernes, 13 de febrero de 2015

Fragmentar el cuerpo, transgredir el texto: la intertextualidad fotográfica en Farabeuf de Salvador Elizondo



Antes de empezar quisiera pedirles que vean la fotografía, con el detenimiento que se observa un suplicio.


Fotografiad a un moribundo –dijo Farabeuf-, y ved lo que pasa. Pero tened en cuenta que un moribundo es un hombre en el acto de morir y que el acto de morir es un acto de dura un instante –dijo Farabeuf-, y que por lo tanto, para fotografiar a un moribundo es preciso que el obturador del aparato fotográfico acciones precisamente en el único instante en que el hombre es un moribundo, es decir, en el instante mismo en que el hombre muere.

Salvador Elizondo, Farabeuf



La primera vez que Salvador Elizondo observó esta imagen fue una tarde de 1962, cuando José De la Colina, un joven de veintiocho años con gafas acartonadas y un traje de dos piezas, le mostró un libro de Georges Bataille. Como De la Colina aclaró en 2006, “la foto esa que él explora a lo largo de todo Farabeuf, la foto del suplicio chino, bueno, por casualidad, resulta que la conoció por mí. […] yo acababa de comprar en la librería francesa Las lágrimas de Eros de Georges Bataille y, yo ni siquiera casi había abierto el libro, y fuimos a un restaurante y entonces Salvador tomó el libro para verlo y desde ese momento se quedó así por la foto: hipnotizado por la foto. Y eso es el libro: una mirada hipnotizada hacia el suplicio chino, ¿no?”
Cuando la observó, como aclara Elizondo, “se fijó en mi mente a partir del primer momento que la vi, con tanta fuerza y con tanta angustia, que a la vez que el solo mirarla me iba dando la pauta casi automática para tramar en torno a su representación una historia” (Elizondo, 2000b: 57). Una vez que la fotografía se impone, Elizondo sufre un proceso lento que transcurrirá por varias etapas. Primero la publicación de la fotografía en el número 7 de la revista S.Nob (15 de octubre de 1962), con una frase editorial: “Ya tengo ante mis ojos esa imagen y todas las crucifixiones se vuelven banales. Esto es el éxtasis” y una cita de Thomas de Quincey. Después, conformó un cuento extenso, como apunta en su diario el 4 de marzo de 1963, “estoy madurando mi relato sobre el supliciado de Pekín, que ya había yo empezado pero destruí. Creo que ahora quedará mejor. […] Lo del supliciado me gustaría publicarlo en la Revista Mexicana de Literatura”. Meses más tarde, Elizondo decidió escribir una macrohistoria, una novela que publicaría en 1965.
La imagen que están observando es, también, el retrato más célebre del Leng T’Ché o la tortura de los cien pedazos. Fue publicada por Georges Bataille, poco antes de su muerte, al final de ese libro-legado que fue Las lágrimas de Eros.
Las lágrimas de Eros, publicado en 1961, reúne los postulados artísticos y filosóficos que encumbraron al francés. Para ello, Bataille recaba en gigantes acervos iconográficos (en colaboración con J. M. Lo Duca), e integra el texto teorético en una simbiosis donde desfilan imágenes paleolíticas, pinturas manieristas, obras de Rubens y Goya, hasta llegar a las fotografías incluida en una serie, compuesta por cinco imágenes, entre las que destaca la que Elizondo reprodujo, y que dan pie a un texto que encumbra la idea capital del filósofo: no hay mayor delirio estético que la muerte.
El rito del Leng T´ché es hermoso en su monstruosidad, en el sentido freudiano de lo siniestro, al deleitarse con elementos que deben permanecer secretos y se revelan en orden específico. Primero se eliminaban los sentidos. El primer movimiento del verdugo consistía en extirpar los ojos, después orejas, lengua, nariz… “El supliciado nunca grita. Los sentidos quizá se vuelven sordos a tanto dolor.” Narra en Farabeuf. Después cercenan las extremidades, emasculan y continúan con diferentes miembros hasta confirmar su nombre Leng T´ché o de los cien pedazos. Al final, la cabeza o el corazón eran arrancados, símbolo de haber practicado, con limpieza, la tortura reservada para los crímenes más cruentos.
La ceremonia buscaba más allá de infligir el mayor sufrimiento posible; tenía fines sociales, al amedrentar a los posibles infractores; estéticos, los verdugos buscaban realizar la mayor cantidad de cortes sin que el supliciado expirara -en la dinastía Ming perfeccionaron a trescientos cortes durante tres días en los que la víctima era atendido y aspiraba opio para sobrevivir-, y, sobre todo, espirituales, proyectaban la revelación por medio del dolor; símil de “La colonia penitenciaria” de Franz Kafka.
El 10 de abril de 1905, Louis Carpeaux asiste a una de las últimas representaciones de la tortura, ocho años después publica el libro Pekín desconocido, donde reúne una serie de clichés Verascope, relata el procedimiento y la historia de la víctima; no sólo popularizaría la ceremonia sino redefiniría la relación entre Oriente y Occidente. En 1913, las fotografías circulaban en París, la gente las comentaba en los cafés, en círculos culturales, en la calle, asombrados por la brutalidad contenida en la tortura asiática que Fu-Tchu-Lí popularizó pero que miles de criminales sufrieron entre el 900 y 1905. Tanto obsesionó a occidente que, cien años más tarde, se amedrenta con la promesa de infligir una tortura china.
De igual forma, las imágenes cimbraron el arte. En la pintura, Gutiérrez Solana la plasma en su cuadro “Suplicio chino”, donde convierte a la víctima en un republicano español que se asemeja al Sebastián de Boticelli.

En la literatura, en 1963, Cortázar la describe en Rayuela: 
Y mirando mejor se alcanzaba a ver que el torturado estaba vivo porque un pie se desviaba hacia fuera a pesar de la presión de las sogas, y la cabeza estaba hecha hacia atrás, la boca siempre abierta, en el suelo la gentileza china debía haber amontonado abundante aserrín porque el charco no aumentaba, hacía un óvalo casi perfecto en torno al poste. "La séptima es la crítica", la voz de Wong venía desde muy atrás del vodka y el humo, había que mirar con atención porque la sangre chorreaba desde los dos medallones de las tetillas profundamente cercenadas (entre la segunda y tercera foto), pero se veía que en la séptima había salido un cuchillo decisivo porque la forma de los muslos abiertos hacia afuera parecía cambiar, y acercándose bastante la foto a la cara se veía que el cambio no era en los muslos sino entre las ingles, en lugar de la mancha borrosa de la primera foto había como un agujero chorreado, una especie de sexo de niña violada de donde saltaba la sangre en hilos que resbalaban por los muslos. Y si Wong desdeñaba la octava foto debía tener razón porque el condenado ya no podía estar vivo, nadie deja caer en esa forma la cabeza de costado. "Según mis informes la operación total duraba una hora y media", observó ceremoniosamente Wong. La hoja de papel se plegó en cuatro, una billetera de cuero negro se abrió como un caimancito para comérsela entre el humo. "Por supuesto, Pekín ya no es el de antes. Lamento haberle mostrado algo bastante primitivo, pero otros documentos no se puede llevar en el bolsillo, hace falta explicaciones, una iniciación..."

Y, sobre esta fotografía, Salvador Elizondo decidió en 1962 que iba a componer su primera novela. El  reto genial no radica en contar una historia a partir de esta fotografía, sino convertir la fotografía en novela. Con esto, Elizondo conforma la historia que Georges Bataille abandonó, cuando confiesa: “trato de representarme, a mí mismo y con esmero, lo que esos personajes sentían en el momento en que el objetivo fijó su imagen en la lente o en la película” (Bataille, Lágrimas: 210).
Así, la reproducción del suplicio chino transita de detonante inspirador a eje argumental y construye tres historias en torno al martirio: la replicación litúrgica en una casa en París, el paseo de dos amantes por una playa normanda que corren hacia una casa donde copularán extasiados por la fotografía del Leng T’ché y la obtención de fotografía en una plaza china. Las tres historias confirman la idea de que Farabeuf es una narración, contradiciendo la postura de John Bruce-Novoa y de Rolando Romero de que Elizondo no cuenta, ni siquiera habla de algo. En ellas, la imagen funciona como leitmotiv y permite la relación temática entre los niveles, así como la interacción de las estructuras “que interactúan, se interfieren y se autoorganizan jerárquicamente”, como determina Lotman. (Lotman, 1990: 56)
Elizondo fiel a la representatividad iconográfica, decide respetar el elemento histórico y sólo tergiversa el año en que es retratado el suplicio. Ancla el día, cuatro años antes, el “29 de enero de 1901, época en que las potencias europeas habían ocupado militarmente ciertas ciudades de la costa nororiental de China para garantizar la seguridad de sus nacionales después de la cruenta rebelión de los miembros de la sociedad I jo t’uan mejor conocidos como los Boxers.” (63)
La razón, en 1901, China vivía una guerra sagrada peleada por iluminados que deciden salvar a su país del influjo colonialista de occidente, el primer enfrentamiento del siglo XX. En cambio, en 1905, cuando Carpeaux retrata a Fu Tchu Lí, faltaba un año para que se firmara la primera constitución china, lo que convertiría al país en una monarquía parlamentaria, tenía un emperador infantil y un país devastado por las guerras continuas; se desquebrajaba el imperio. Acierto, pues como refiere Rolando Romero, “la manipulación de los hechos en la tortura de Fu Chu Lí comprueban que a Occidente no le interesan los detalles históricos. Una víctima es igual a otra. Lo que importa es el proceso.” (Romero: 437)
Después de entablar la trama para su novela y que la fotografía funja como vaso comunicante,  determina a los personajes. Los teóricos debaten sobre cuántos transitan por la novela, en disímil respuesta. Considero que son cinco, por su presencia como por su función ritualista: Farabeuf (el torturador), Fu-Tchu-Lí (el torturado), La Enfermera (la víctima sacrificial) y él-ella (la concurrencia).
Fu-Tchu- Lí fue un hombre ajusticiado en la plaza Ta-Tché-Ko de Pekín una mañana de abril de 1905. Jerome Bourgon afirma que Fu-Tchu-Lí era guardia al servicio del príncipe mongol Aohan. En la víspera de año nuevo (febrero de 1905), Asesinó al príncipe por razones profundas. El día que Fu-Tchu-Lí se casó, el príncipe exigió su derecho de pernada, como la tradición lo marcaba, lo cuál ocasionó la furia del supliciado. En nombre de su amada y del honor, Fu-Tchu-Lí terminó con la vida de un monarca y se reivindicó. Por ello fue condenado a la tortura más cruenta. Como aclara Carpeaux “es un pobre diablo: si hubiera podido pagar al verdugo, la hoja le hubiera atravesado el corazón…” Sin embargo, Elizondo descarta la causa del asesinato, sólo le interesa el hecho que reivindica el suplicio, al igual que a Bataille.
De esta forma, la imagen y el texto que reproduce Bataille no sólo es el detonador sino la guía histórica, sino fuese porque detrás de las imágenes que reproduce se oculta un peculiar trasfondo histórico que Elizondo desconoció en el momento de la creación y que hubiese dado un giro fundamental a su obra.
Cuando Georges Bataille investiga sobre el Leng T’ché, encuentra dos series de imágenes. Las que tomó Louis Carpeaux con el texto explicativo sobre Fu Tchu Lí y una serie de Georges Dumas que publicó en su Tratado de psicología en 1932. Las dos retratan la misma tortura, el problema es que Bataille trastoca la historicidad de las imágenes.
Bataille conoce las imágenes de Dumas y duda de la autenticidad del suceso, pero, le imputa que “sin motivo alguno, lo atribuye a una fecha anterior” (Bataille, Lágrimas: 247) En su libro, Dumas aseguró que las fotografías se tomaron en 1880 y que se las proporcionó un desconocido Dr. Defosses (Romero: 405). Por ello, Bataille busca en los archivos y encuentra la serie fotográfica y el texto que publicó Louis Carpeaeux en 1913, y, de forma sorprendente, decide emparentarlas: los elementos históricos que relata Carpeaux con las imágenes de Dumas, sin importarle que no correspondan. 


Esta es la foto de 1905 y, como argumenta Rolando Romero, “Estas fotografías, sin embargo, no son las del Fu Chu Li histórico cuyo suplicio documentó Carpeaux. Al ver las fotos, el lector fácilmente puede establecer las diferencias, ya que los sometidos a suplicio, los verdugos y el lugar del suplicio en las dos series fotográficas son distintos.


El torturado en las fotos de Dumas es más delgado y el trasfondo del suplicio es diferente, lo que indica que la plaza no es la de Ta-Thcé-Ko. Las fotos de Dumas están retocadas y recortadas, concentrándose en la figura del sentenciado, sobre todo en el rostro. (Romero:405)
Son diferentes imágenes, diferentes épocas. Las de Carpeaux no son tan violentas, en menor grado inmersas en éxtasis sacro. Por lo que Bataille premió la fuerza estética sobre la repercusión sociocultural de las fotografías.
Desliz que marcó a Salvador Elizondo que, por tratar de apegarse a la realidad histórica que Bataille dicta, termina deformando aún más la “pretendida” historicidad.  Elizondo no conoció este lapsus historiográfico en su momento y, hasta donde sé, en ninguna entrevista habló de ello. Sin embargo, fue un acierto, pues si la imagen hubiese sido la de Carpeaux o la historia de Dumas, Farabeuf no se hubiese concretado. Ahora, la historicidad de Elizondo no convierte a su primera novela en una obra maestra. Los elementos que determinaron que hoy, casi cincuenta años después de su publicación continuemos hablando de la novela, es su proceso ecfrástico.
La primera forma en que se emplea la écfrasis es la descripción inanimada de la fotografía: “Nota también la actitud de ese hombre situado en el centro de la fotografía entre el verdugo Manchú y el Dignatario; trata de seguir todas las etapas del procedimiento y para ello tiene necesidad de inclinarse sobre el hombro del espectador que está a la derecha.” (220)
La segunda táctica ecfrástica la deforma en juego lúdico, al contar lo que ocurre fuera del encuadre, donde perviven los perros que devoran como aves lujuriosas que se deleitan con la necrofilia; los faroles encendidos bajo la lluvia y dos extranjeros que escapan maravillados de una ejecución que muchos años después repetirán frente a una placa fotográfica, pues “De esta imagen se puede deducir toda la historia. Se trata de un símbolo, un símbolo más apasionante que cualquiera otro.” (222)
Más allá de la transcripción de la imagen, Elizondo conforma un iconotexto, que, como Luz Aurora Pimentel determina, “no sólo la representación visual es leída/escrita –de hecho descrita— como texto sino que al entrar en relaciones significantes con el verbal le añade a este último formas de significación sintética que son del orden de lo icónico y de lo plástico, construyendo un texto complejo en el que no se puede separar lo verbal de lo visual: un iconotexto.” Tergiversar la idea ecfrástica y utiliza la esencia fotográfica como vinculación intertextual estructural, como, con la música lo materializa Alejo Carpentier en El acoso y Thomas Berhard con El malogrado, con el resultado creativo de la convergencia estructural entre las formas literarias y fotográficas, donde el supliciado converge en el armado del texto.
Al retratar un suplicio, Elizondo determina que la macroestructura sea un texto desmembrado; no en una narración en contracampo, como lo haría Faulkner o Vargas Llosa, sino fragmenta el texto en los 249 bloques que componen Farabeuf.
Elizondo resquebraja la trama, pues cada fragmento muta, lo que genera el desconcierto lectivo, en variaciones que alterna de acuerdo a la teoría del montaje cinematográfico de Einsenstein y la concreción -de sentido léxico y movimiento visual- del ideograma chino.
Por ello, la novedad de Farabeuf no es la fragmentación, como Severo Sarduy desarrolla en Cobra -historias que se arman como un simple rompecabezas o que no concretan- sino la variabilidad y el sentido que se encuentra en su acomodo. Como aclara Maurice Blanchot, la fragmentación va más allá de separar un texto en sus partes, es un proceso entre escritura y desciframiento.
El segundo elemento que Elizondo dilucida es la característica más importante de la fotografía: su instantaneidad. Decide apresarlo y generar la “crónica de un instante”. Oxímoron que se concreta en la transposición de la imagen al texto, como determina Julia Kristeva, “el paso de un sistema significante a otro exige una nueva articulación de lo tético —de la posicionalidad enunciativa y denotativa” (Navarro,1997: vi). Las características textuales de la imagen –la espacialidad que contiene, el reflejo de un instante desmembrado en la eternidad, la estaticidad recurrente- le permiten crear el vínculo intertextual.
Para confirmar el oxímoron -al ser la literatura un arte temporal, sucesivo, que se contrapone a la perpetuidad de la imagen- el escritor mexicano no sólo distiende sino logra detener el transcurrir temporal a la par de que cuenta una historia, al narrar un instante desde diferentes perspectivas, destaza la cronología sin marcas explícitas que anclen al lector mientras el tiempo de la narración discurre. Para que se concrete el instante, el momento más íntimo de la cronología, debe desmenuzar las inmanencias restantes (tiempo externo, psicológico, sagrado, profano y eternidad) desde la literatura y rompe con la sucesión temporal son tres estrategias hilvanadas: la repetición, el palimpsesto y alternar el punto de vista, donde la idea principal se desvirtúa o se desarrolla. “Y entonces me abandoné a su abrazo y le abrí mi cuerpo para que él penetrara en mí como el puñal penetra en la herida…” (142), fragmento que se replica tres capítulos después, “Ella, mientras tanto, pensaba, ‘Y me abandonaré a su abrazo y le abriré mi cuerpo para que él penetre en mí como el puñal del asesino penetra en el corazón de un príncipe legendario y magnífico…” (184). Elizondo dice, no repite; es la simultaneidad de las acciones, no deja-vú; la crónica de un instante. Es el relato de una fotografía.
Si la tortura se basa en la contemplación, la cámara desentraña los misterios de la tortura, la palabra la sacraliza y las estrategias discursivas se concretan: conforma un palimpsesto en su diégesis y en concreción, donde funde discurso y relato a partir de una imagen - detonante del tema, que consolida la trama, despliega a los personajes y conforma la estructura, la unión de la composición fragmentada y la ralentización del tiempo-, lo que permite que el lector, en lectura extratextual, reconstruya el suplicio del Leng T’ché, aprese el instante y concrete la lectura sacralizadora. De esa forma se construye una obra maestra y se conforma una estética.
Observen la imagen con el detenimiento que se observa un suplicio y, como dice Elizondo, “Si hay alguno que no crea lo que sigo, que contemple esta imagen, y si está solo que se encomiende al que desde aquí lo mira, porque esto es un espejo.”

Conferencia "Fragmentar el cuerpo, transgredir el texto: la intertextualidad fotográfica en Farabeuf de Salvador Elizondo", University of Texas, marzo de 2014